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Qué tiene que poner un contrato de colaboración con una marca

Las cláusulas que deciden si una colaboración sale bien o acaba mal: entregables, plazos, revisiones, exclusividad, derechos de uso y cuándo cobras.

· 11 min de lectura

Casi ninguna colaboración pequeña se firma con un contrato de verdad. Se cierra en un hilo de correo que acaba en «perfecto, adelante» y una fecha. Y funciona… hasta que no funciona: la marca pide una tercera ronda de cambios, alguien da por hecho que el vídeo se puede usar en sus anuncios, o llega el día 60 y no ha entrado el dinero.

No hace falta un contrato de doce páginas. Hace falta que estas cosas estén escritas en algún sitio, aunque ese sitio sea un correo que las dos partes han respondido. Ésta es la lista, en orden de cuánto duele que falte.

1. Qué entregas, exactamente

«Un vídeo» no es un entregable. Un entregable es: un vídeo de YouTube de entre 8 y 12 minutos, con una mención integrada de 60 a 90 segundos situada en el primer tercio, más un corte vertical de 30 segundos para Reels. Todo lo que no esté aquí es trabajo extra, y lo será por escrito y no por discusión.

  • Formato, plataforma y duración aproximada.
  • Dónde va la mención y cuánto dura.
  • Cuántas piezas y para qué red cada una.
  • Qué material aporta la marca: producto, claves de acceso, logotipos, datos que hay que citar.

2. Fechas: la de entrega y la de publicación

Son dos y se confunden siempre. La de entrega es cuándo la marca recibe el vídeo para revisarlo; la de publicación es cuándo sale. Entre las dos tiene que haber margen suficiente para la revisión, y ese margen se escribe: «la marca dispone de cinco días laborables para comentarios; pasados esos días sin respuesta, se da por aprobado».

La cláusula de silencio positivo —si no contestan en X días, está aprobado— es la que impide que una colaboración se quede meses en el limbo esperando a que alguien de marketing conteste un correo.

3. Cuántas revisiones entran

Sin número, son infinitas. Con número, la conversación cambia entera: dos rondas de comentarios incluidas, y a partir de ahí se factura por hora o por ronda. Conviene además acotar de qué pueden ir: correcciones de datos del producto y de la marca, sí; rehacer el enfoque editorial del vídeo entero en la segunda ronda, no.

4. Quién aprueba y qué puede cambiar

Una persona con nombre, no «el equipo». Y una línea que casi nunca está y evita el peor conflicto: el control editorial del vídeo es tuyo. La marca aprueba lo que se dice de su producto; no decide el título, la miniatura ni el resto del contenido. Esto no es una pelea de egos: si pierdes esa línea, el vídeo deja de parecerse a tu canal y funciona peor, con lo que pierden los dos.

5. Derechos de uso: dónde, cuánto tiempo y para qué

La cláusula que más dinero mueve y la que más se firma sin leer. Que la marca publique tu vídeo en su web no es lo mismo que meterlo en publicidad pagada. Tienen que estar las cuatro cosas:

  1. Qué: el vídeo entero, un corte, sólo imágenes, tu nombre y tu cara en creatividades.
  2. Dónde: sus redes, su web, publicidad pagada, tiendas, puntos de venta, televisión.
  3. Cuánto tiempo: tres meses, seis, un año. «A perpetuidad» es una cesión enorme y se paga como tal.
  4. En qué territorio: España, Europa, mundial.

Si el acuerdo no dice nada, no des por hecho que no pueden: dilo tú. Una línea del tipo «la cesión se limita a los canales propios de la marca durante seis meses; cualquier uso en publicidad pagada se acordará y facturará aparte» te ahorra la conversación incómoda de dentro de un año, cuando veas tu cara en un anuncio.

6. Exclusividad: cuánto y de qué

Comprometerte a no trabajar con la competencia tiene un precio, porque son ingresos que rechazas. Lo que hay que acotar no es sólo el tiempo, sino la anchura de la categoría: «ninguna otra aplicación de finanzas personales» es razonable; «ninguna marca del sector financiero» te deja fuera de bancos, seguros, brokers y tarjetas durante meses. Escribe la categoría con ejemplos concretos de qué entra y qué no.

7. Cuándo cobras, y qué pasa si no

La parte que más silenciosamente se estropea. Tiene que decir:

  • Importe y si el IVA va incluido o se suma. Un malentendido aquí se lleva el 21 % de tu margen.
  • Calendario: lo habitual y sano es 50 % al firmar y 50 % a la publicación. Un anticipo no es desconfianza, es cómo funciona el trabajo por encargo.
  • Plazo de pago desde la factura: 30 días es normal, 60 es tarde, 90 no.
  • Qué pasa si se retrasa: intereses de demora, o que la siguiente colaboración no empiece hasta que se pague la anterior.
  • A quién se factura: razón social, NIF y dirección de facturación, pedidos antes de entregar y no después.

8. Si se cancela a mitad

Las campañas se caen: cambia el responsable de marketing, se recorta el presupuesto, el producto se retrasa. Que eso no lo pagues tú entero. Lo razonable es una escala: si cancelan antes de que empieces, se queda el anticipo; si cancelan con el vídeo ya grabado, se paga completo. Escrito en dos líneas, evita una negociación entera en el peor momento.

9. Que se vea que es publicidad

No es opcional y no es negociable: una colaboración pagada se identifica como tal, de forma clara y en el propio contenido —no escondida en la descripción—. Además de ser lo que exige la normativa de publicidad y consumo, es lo que protege la confianza de tu audiencia, que es el activo entero del negocio. Deja escrito quién se encarga de que aparezca la mención y con qué fórmula.

Las que se olvidan casi siempre

  • Que no se edite tu contenido sin tu visto bueno si lo reutilizan.
  • Cuánto tiempo tiene que estar publicado el vídeo: si lo borras a los dos meses, la marca ha pagado por menos de lo que creía. Doce meses es habitual.
  • Qué pasa con los datos que te pidan: capturas de analíticas, informe de resultados, y en qué plazo.
  • Quién responde si el producto falla. Tú recomiendas de buena fe lo que te han contado; la responsabilidad sobre el producto es de quien lo fabrica.

Cómo hacer esto sin volverte loco

No hace falta redactar nada desde cero cada vez. Lo que funciona es tener tus condiciones escritas una vez —plazos, revisiones, derechos de uso, forma de pago— y mandarlas con cada presupuesto. Deja de ser una negociación caso por caso y pasa a ser tu forma de trabajar, que es una posición mucho más cómoda.

Y lo segundo: que lo acordado no viva sólo en un hilo de correo de cuarenta mensajes. Cuando llega el día de publicar, la pregunta «¿cuántas revisiones habíamos dicho?» se responde en dos segundos o en veinte minutos de buscar. Cunctum lee las propuestas que te llegan al buzón, saca el desglose de lo acordado —entregables, fechas, revisiones, exclusividad, importes— y lo deja en una ficha que puedes corregir. Nada se da por acordado sin que tú lo valides: un dato con aspecto de acordado que nadie ha comprobado es peor que no tenerlo.

Si aún no has puesto precio a la colaboración, empieza por la otra guía: cuánto cobrar por un vídeo patrocinado.

Esta guía es orientación profesional, no asesoramiento jurídico. No sustituye a un abogado ni sirve como contrato: es una lista de lo que conviene dejar por escrito. Para acuerdos de importe alto, cesiones de derechos amplias o cualquier duda concreta, consulta con un profesional del derecho.

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